Cambalache - B l o g

Cambalache  
Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarmelo que hago por vosotros hacer podéis por mí...
Ultima conexión:  Poker Texas Hold'em
10 días 16 horas hace   
  • CUIDADO CON LA TRISTEZA

    • by: Cambalache,
    • fecha: 20/04/2012,
    • comentarios: 0,
    • vistas: 78

     

    Alguien dijo que había que tener cuidado con la tristeza, porque ésta se podía convertir en un vicio. Yo os advierto que os cuidéis de las lágrimas fáciles y de las plañideras de lujo. De los poetas desaliñados y de los trovadores excesivos. Quien os ama siempre tenderá una sonrisa sobre vuestra almohada.

  • LA CASITA BLANCA

    • by: Cambalache,
    • fecha: 19/04/2012,
    • comentarios: 0,
    • vistas: 89

     

    Tengo cuatro agendas con tu nombre. Dos móviles con tu número. Y tres razones para amarte. Pero vives en una casita blanca. Tengo un tatuaje con tu corazón. Un champú que utilizaste. Y una fotografía de tu ausencia. Pero dicen mis amigos saber que vives en una casita blanca. Sé a qué saben tus labios. Conozco el calor de tu cintura. La suavidad de tu vientre y el tacto de tu aliento. Pero de nada me vale por vivir tú en una casita blanca. No. No me gusta tu casita blanca. No me gusta porque nunca la visita el sol y porque huele a  fibras de humo y afonías. Y porque tiene dos camareros que no ríen y un alcohol aguado que no cicatriza el alma. Tampoco me gustan sus alcobas macilentas con aroma a resina y a agua turbia. Pero tú vives en la casita blanca y ahí vive tu pelo dorado por los dioses normandos y tus labios hechizados por la magia de un druida. Tienes los ojos tristes –me dijiste al conocerme. Tengo las manos tristes –te contesté mientras las miraba. Reíste y me besaste. Te aparté con delicadeza y negué hasta en tres ocasiones. Desde ese día fuimos sólo compañeros en tu casita blanca. Conscientes de un naufragio irremediable en un mar donde zozobran todas las barcazas que no navegan hacia el ritual acostumbrado.

    Fue por eso que empezamos a dejar la casita blanca y buscamos otoños y bosques. Taxis y lluvias. Semáforos ámbar y tascas cenicientas. Fue aquel tiempo en que el cielo olía a cielo y tú olías a azúcar. Fue el tiempo de todos los amaneceres que mis brazos han rodeado. De todos los espejos y de todos los caminos. Fue un tiempo para amar, pero fue un amor para todos los tiempos. Éramos dos interrogantes rodeados de gente que nos buscaba. Lo sabíamos y, con el tiempo –por la inercia de lo que es inevitable- nos dejamos encontrar…

    Tú volviste a tu casita blanca –sin más lágrimas que las mías- y yo quedé –sin más besos que los tuyos- en mi embaldosado terroso –mirando las paredes y transitando por la foto de tu ausencia –en la que ríes señalando un pájaro dorado.

    Hoy te recuerdo como sólo se recuerda aquello que se ha de olvidar, y te amo como sólo se ama cuando se escribe con furia y locura. Lejos de tu casa. A la que ya no me acerco porque allí se trata mal a los poetas que roban cenicientas…

     

  • LAS SÁBANAS CURIOSAS

    • by: Cambalache,
    • fecha: 05/04/2012,
    • comentarios: 0,
    • vistas: 148

     

    Tengo mi balcón –sí, ése que es de segunda, como mi piso y mi corazón- mostrando al vecindario curioso las sábanas que han servido, durante algo más de una semana, de lienzo a mis sueños y a mi alma. Hoy tardarán más en secarse. Llueve en la calle donde aboca mi estancia. Y la humedad es mala aliada para que los últimos vestigios del agua hiervan hacia la ausencia definitiva. En mi balcón han muerto dos plantas desde el invierno. El descuido hizo con ellas lo mismo que tú hiciste conmigo. Eran dos plantas prosaicas, de ésas que tratan de avivar los espacios de los solitarios. Es curioso a cuántos solitarios conozco provistos de dos plantas y un gato. Yo ya no tengo las dos plantas  –ahora me conformo con una caña de bambú que se resiste a la muerte retorcida en su propio eje- y nunca he tenido un gato, porque una vez me dijeron que los gatos comen pelos y, no me pareció higiénico compartir mi casa con una especie que se alimenta de cabellos y pescado –odio el pescado y su olor a mar difunto.

    Mientras escribo, cercano al balcón, mi mirada se estrella frontalmente contra las sábanas que dieron origen a esta misiva sin destino. Parecen nubes sin alma. Sudarios sin difuntos que les den volumen. Propietarias de sueños fantasmales que alguna vez embozaron mis desvaríos y duermevelas. Mínimas poseedoras de las pieles que ampararon -pieles níveas como la de ella a la que nunca olvido a pesar de su daño…

    Mañana, porque ya hoy definitivamente la humedad lo ha evitado, las destende de sus alambres y, con la impericia que da la soledad para ciertos menesteres, serán mal dobladas y guardadas en el armario que ocupa con holgura cierta pared de mi dormitorio. Serán colocadas sin esmero en el mismo cajón donde abandono, por costumbre, los envoltorios de los jabones que uso -en mi pobre ilusión de que tomarán algo de su perfume mudo. Quedarán entonces allí. Quietas y allanadas. Listas para nuevas batallas o para simples vasallajes. Siguiendo su insalvable destino de fieles armaduras de mi colchón de látex y miseria…

    BLOG EXTERNO: PENSAMIENTOSIMPROPIOS.BLOGSPOT

  • DIME SI AÚN ME RECUERDAS

    • by: Cambalache,
    • fecha: 04/04/2012,
    • comentarios: 0,
    • vistas: 161

     

    Sí. No es estéril la pregunta. Llevo ya mucho tiempo en este naufragio de silencios. La marea se hace turbia y la luna lleva sin aparecer demasiado tiempo. Hay excesos de noches en mi barca. Aquella barca que te sostuvo y te alimentó de besos y quimeras. Apenas tengo letras que componer y, cuando lo hago, tú sigues en el fondo de la rima, como un verso indeciso por acercarse. Hoy tal vez abra el tintero y otra vez emborrache las cuartillas con las palabras que te crearon. Sigo vivo. Lo siento porque aún te recuerdo. Vivo y loco como aquél que te quiso y no quiere apartar tus labios de su almohada.

  • EL PASEO DE MI CORAZÓN

    • by: Cambalache,
    • fecha: 26/03/2012,
    • comentarios: 0,
    • vistas: 153

    Hoy he sacado el corazón a pasear. Le he puesto un trajecito de color discreto y unos zapatos con las medias suelas nuevas. También lo he peinado con cierta compostura y, por si acaso, le he aplacado sus rizos genéticos con algo de espuma de desmemoria. Cuando sale a pasear, mi corazón late antes de cruzar el umbral que lo fronteriza, como un perrillo inquieto antes del alivio rutinario.

    A eso de las once, se codeaba todo él con los otros corazones paseantes por la misma gravilla. A pesar del tiempo que no se nos veía juntos, no hemos sido asaeteados por excesivas miradas indiscretas, cosa que ambos hemos agradecido, por eso de no estar el ánimo para muchas –ni pocas- explicaciones.

    Junto a la naciente flor de la esquina de la muralla milenaria que deja a mi barrio en extramuros, le he sentido hurgar en el polen hasta en tres ocasiones –que, a mi contra, no debe, el reproductor elemento, ser ocasión de trastorno para él. Señalado el lugar sin el orín indiscreto –que atrás quedó ya el símil con el perrillo impaciente- hemos paseado luego  hasta más allá de la iglesia que dedican a San Lorenzo y       -como parecía tener hoy más necesidad de olisquear que de costumbre- ha tomado algo de incienso que sobresalía por la rendija que estrujan las puertas del templo, el mismo incienso que se llevaban, en sus alas batientes, dos mariposas de un amarillo chillón desagradable que bailaban con la inútil gracilidad con que lo hacen semejantes lepidópteros.

    Iba mi corazón hoy advertido de que no es buen tiempo para romances ni romanzas, pero él –siempre cantor ciego- se ha estremecido en un par de ocasiones con la mirada sultana de algunas chiquillas de las que anuncian primaveras. Señalada entonces mi mano en el pecho, ha cesado su latir inquieto, hasta volver a quedar éste en la sístole prudente y en la diástole atinada.

    A eso de la una –cuando el mediodía apretaba su mejilla contra el suelo- andaba ya el trajecito que le impuse algo sudado y, las medias suelas –que no debieron de ser bien calzadas- advertían de un despegue casi inmediato. Tal eran las cosas, que creí que era hora del final del paseo -que luego lleva el resfrío de este tiempo y las toses y los incómodos estornudos.

    Llegados a casa con la barra de pan tibio bajo el brazo y, tomado nuevamente su lugar oportuno, lo he visto algo menos deslucido que estos días pasados, pero aún se advierten las ojeras y cierta palidez en su laberinto de cavidades. Mañana, a lo mejor, si la brisa deja la veleta detenida, volvemos a dar otro paseo –por eso de que se acostumbre a la soledad de la primavera.  Y, a lo mejor, mañana, llegamos más allá de extramuros, donde dicen que también se encuentran otros corazones a los que tampoco asusta el polen de las flores principiantes.

  • AÚN LLUEVE INVIERNO

    • by: Cambalache,
    • fecha: 16/03/2012,
    • comentarios: 0,
    • vistas: 153

     

    Llueve. Llueven aún pedacitos de invierno. El día se ha vestido caprichoso de lucir colores pero, al azul lo ha seguido el gris y, al gris un ceniza regio que resbala indeciso por los tejados y los cocherones. En mi balcón, una cepa de bambú superviviente del frío –y huérfana de las que fueran sus dos compañeras- se enreda en la espesura de la humedad como una batuta del músico que soñé ser en otro tiempo. Me alegra que aún no te vayas Invierno porque eres tú el me sigues regalando mis mejores primaveras.

  • PARA PAOLA (Que no pudo nacer...)

    • by: Cambalache,
    • fecha: 15/03/2012,
    • comentarios: 3,
    • vistas: 204

    No has querido presentarte en el cuento que te tenía preparado. Preferiste permanecer eterna en la postura iniciática -probablemente tu dedo en la boca. Tus pies diminutos esperando el contacto con el planeta. Tus manos prestas para la primera caricia. Has elegido quedarte para siempre en el vientre que te tuvo y te sostuvo.  El que te sustentó mientras soñaba cada noche con tu cara de muñeca a medio hacer y que, hoy llora la oquedad de tu aciaga ausencia.

    Quedará, para siempre, tendido en el tejado el trajecito celeste. El caballito de madera se mecerá con la brisa de tu ausencia. Confundido estará tu ángel de la guarda. Envuelto el árbol del columpio en la liana de la cuerda extensa -ese árbol al que este año no le llegará el milagro de la primavera.

    Te me has ido como un jazmín indeciso de emerger. Como un azahar dudoso de empezar a alimentar las ramas del algún almendro. No has querido ser princesa ni capitana de barco. Renunciaste a ser cazadora de hadas o títere de poeta. Has preferido ser, antes de nada, para la eternidad, recuerdo. Yo te bautizo Paola con el agua del Cosmos y te hago célula de mi corazón y de mis versos. Porque para siempre bendigo tu existencia. Duerme en paz chiquita.

  • EL ANDÉN DE LA PRIMAVERA

    • by: Cambalache,
    • fecha: 14/03/2012,
    • comentarios: 0,
    • vistas: 168

     

    A veces parte sin mí el tren donde persistentemente viajo y, en su partida, lo contemplo alejarse -humedecidos los ojos y quieta la maleta. Será inútil todo esfuerzo por alcanzarlo. El reloj de la estación se adelantó sin previo aviso y, ahora sólo queda la mirada lacerante al horizonte que perturba.

    Quedo entonces –asumida ya la pérdida a la que llegué más por destino que por tardanza- arrellanado en este banco que me hicieron a propósito de madera, y me convierto en ebanista transeúnte, en servidor de la gubia que medra aún más sus listones arrugados. Aquí, entre sus carcomas devoradoras, me estrujo con la brisa inacabada y, a modo de sábana macilenta, me embozo con recuerdos de otros tiempos, con la ignorancia de si aún quedará alguien bosquejando versos en las paredes. 

    Huele este andén siniestro a gasóleo e hierro viejo machacado, a soledad en blanco y negro, a posos de café y bolsitas de té mohosas.  Es este lugar –en el que quedo- la contrautopía de los paisajes, el laberinto de las llanuras vejatorias, el andrajo de un cielo estallado en las aristas de sus constelaciones.

    Sobre la arena seca que alimenta mis suelas malgastadas     –otrora aserrín de risas- escupo la saliva que derrocha mi garganta, formando las únicas estrellas  que permite el tapiz malencarado. A mi siniestra, algo que pudo ser una botella,  recuerda el presente de la resaca y acoge en su boca dos moscas machaconas y ciegas. El petróleo de las uvas me llena el estómago y la cabeza, y ocupa el lugar de la sangre y la sesera. No sé llorar y no lloro. Tan sólo mantengo la amargura en la marmita imaginaria de mi tráquea.  

     

    No hay más viajeros atrasados en esta estación de fantasmas y desmemorias. Solo quedo y solo destrozo las palabras que ayer compuse. A cantar me paro si la tarde queda rota y, las alas batientes de algún insecto, me recuerdan la mudez de lo entonado. No recuerdo la música que me enseñaste. Ni las palabras que tras de ayer me emocionaron. El banco de madera sigue figurando firme. Imperturbable. Como el acomodo infernal de cada ominoso pensamiento. Por eso me fue hecho a propósito. Para evitar un rendimiento protector. Para alargar la tortura del tiempo que, imperturbable, pasa y pasa volviendo a hacer llagas que saben, una vez más, a primavera.  

     

  • ¿Qué fue de mí?

    • by: Cambalache,
    • fecha: 14/03/2012,
    • comentarios: 1,
    • vistas: 154

    ¿Qué fue de mí ahora que no estoy? ¿Qué de mis palabras almibaradas y coquetas? Aún no puedo regresar. He perdido el tren de vuelta y ya no me quedan estaciones por recorrer. Aguarda. Tal vez mañana las fuerzas me acompañen y, bajo una luna discreta, vuelva mi canción a tu balconada.

  • EL CAZADOR DE HADAS

    • by: Cambalache,
    • fecha: 28/02/2012,
    • comentarios: 5,
    • vistas: 284

     

    Hace unos días conocí a un Cazador de hadas. No, no juzguéis aún mi relato, yo tampoco sabía de la existencia de semejante ocupación. También os advierto –para futuros encuentros- de que todo Cazador de hadas lleva un extraño instrumento al que llaman –él me lo dijo- cimbalom. No, yo tampoco sabía qué era un cimbalom. Él me lo explicó. Es un quimérico instrumento musical que sirve para cazar hadas –me dijo, llegada la ocasión, en un castellano desordenado por su acento.

    El Cazador de hadas que os refiero era húngaro y se había sentado en un banco a afinar la puntería de su ingenio. Mi curiosidad –que es la misma que acabó con una de las vidas del gato- me hizo sentarme junto a él. Le miré con extrañeza y me devolvió la extrañeza y la mirada. Hola –le dije a modo de  saludo simplificado. Y él asintió -devolviendo la simple ceremonia. Mientras lo hacía, trasteaba con su extraño cachivache como si anduviese preparando la trampa para el uso requerido. ¿Cómo se llama? –curioseé mientras señalaba el insólito artefacto. Y ahí me lo dijo como os lo he dicho: Cimbalom. Como no le entendí a la primera -por su tonada húngara y, por no ser ésta palabra propia de mi vocabulario- lo hubo de repetir hasta en tres ocasiones. Entonces saqué mi cuaderno-de-anotar- palabras-que-no-están-en-mi-vocabulario y lo anoté con letra bien clarita  c-i-m-b-a-l-o-m –que si no luego mi propia escritura se vuelve rebelde y dice lo que ella quiere. Le sonreí tras anotarlo. Sirve para cazar hadas –me apuntó muy serio. Debió de ver mi cara demudada porque volvió a sonreír… ¿Para cazar hadas? –reincidí en preguntar esta vez con cierto tartamudeo. Sí, para cazar hadas –reiteró y siguió trasteando. ¿Pero hay hadas por aquí? –insistí mientras miraba a mi alrededor esperando ver alguna criatura fantástica. En todos los lugares hay hadas –afirmó mientras me miraba con cierto mohín de ofendido. Ya, ya, claro también aquí –asentí convencido mientras mis ojos no paraban de buscar a algún ser diminuto y etéreo siempre fiel a mi principio de que existen más cosas que aquéllas que creemos... Fue en aquel preciso instante –mientras mis pensamientos se estaban barajando- cuando comenzó a manipular el instrumento de abajo arriba y de arriba abajo, y una sucesión de cuerdas se rindieron al peso de dos mazos pequeños que las percutían con una habilidad prodigiosa, engendrando tal ejercicio una melodía increíblemente mágica. Un grupo de curiosos se arremolinaron junto al banco. He de confesar que les lancé una mirada opositora. ¡Eh que al Cazador de hadas lo conocí yo primero! -quise gritar. Pero callé por pudor y por prudencia. Y es que era mi deseo que, si empezaban a aparecer criaturas bellas, fuese yo el primero en contemplarlas. Pero cuando observé que el Cazador sólo me miraba a mí, mientras sonreía al ritmo de su música, quedé más tranquilo. De repente y, tras un arpegio de secreta belleza, amplió aún más su sonrisa y, mirándome a los ojos me susurró con orgullo: Acabo de cazar a una nereida… Miré a mi alrededor ¿Quién ha visto entrar a una nereida en este cachivache? –quise volver a gritar. Pero entonces, me di cuenta de que el Cazador sólo me había contado la verdad de su historia a mí y que, aquella turba de gente que continuaba aumentando a nuestro rededor, sólo iban a advertir la presencia de un músico con un extraño instrumento sonoro.

    Así fue que pasamos toda la mañana atrapando hadas. Prendiendo sus almas –que era lo propio del interés del Cazador- entre el cordaje bien dispuesto. Según variaban los acordes de las melodías un extraño olor a bosques de nogales, a ríos y fresnos húmedos rodeaba nuestro banco. No sé cuántas hadas más cayeron en la trampa, él me lo señalaba cada vez que ocurría, ora con las cuerdas graves, ora con las más agudas, ora con su sonrisa de húngaro… Y yo sonreía, entendiendo todo y sin entender nada…

    Llegado el mediodía -como llegada la hora esperada- paró de percutir de repente. Ya –concluyó de forma rotunda mientras echaba una estera negra y tupida sobre el instrumento. La luz del mediodía podría hacerles daño. Vamos a guardarlo todo –decretó con naturalidad mientras me proveyó de un cinturón de zíngaro. Quedé perplejo. ¿Era ése el final? ¿No me iba a mostrar a ningún ser de los cazados? Se puso en pie y me hizo ayudarle a enfundar su maquinaria en un maletín de ese color marrón que sólo tiene el cuero de los viajeros. Rodeamos éste con el cinturón que aún colgaba en mis manos y se echó al hombro el conjunto. Ya en pie –donde me percaté de su altura desmedida- me tendió su mano encallada por el roce del cordaje. Se deshizo en una ligera reverencia y, sin dar lugar a ninguna interrogante se alejó por el horizonte urbano con su mágica trampa bajo el brazo.

    Quedé en el banco hasta que mi mirada ya no alcanzó a verlo. Y quedó todo el día su estampa y su artilugio preñando mi imaginación de viajero a la locura. Cuando febrero se echó la noche al hombro y regresé a la casa que me da calor en estos días, descubrí que, el olor a humedales de otro mundo, invadía cada poro de mis tejidos, un olor que, desde entonces atesoro y que, me sigue recordando que, una mañana, acompañados por un instrumento que llaman cimbalom, un húngaro y yo estuvimos juntos cazando hadas –sin saber con certeza su destino- en un escabel urbano con una música hechicera como cebo.  

     

    BLOG EXTERNO: pensamientosimpropios.blogspot 

Páginas: 6

1